Emails – El camino a la simplicidad

Esta semana también toco un tema sobre el que no había hablado antes, la simplicidad. ¿No os parece que la vida es en ocasiones muy complicada? ¿No debería ser más fácil? ¿No deberíamos tener más tiempo para compartir momentos con las personas que queremos y disfrutar de lo que nos gusta hacer?

Hace un par de años oí hablar por primera sobre el método Konmarie. Marie Kondo, su creadora, dice que en la casa solo debemos tener aquello que nos aporte alegría. ¿Os imagináis vivir en una casa donde todo nos inspire? Así las pertenencias no nos pesarían porque lo que aporta felicidad no es una carga, emocional o de otro tipo. Eso es para mí la simplicidad. La simplicidad no es restrictiva. No se trata de vivir como los Amish si lo nuestro es el Rococó. Se trata de llenar nuestra vida con lo que amamos y nos resulta bello. Pero para ello hay que robar tiempo a lo que no nos resulta tan inspirador. Por eso quería incluir este tema, como un camino hacia la liberación, hacia lo que realmente nos satisface e importa.

Elaine St. James

Elaine St. James es una mujer estadounidense que un buen día, allá por los años ochenta, viéndose rodeada de agendas, listas de cosas que hacer y calendarios, decidió tomarse unos días libres. Con una libreta en mano, se dedicó a evaluar la existencia  tan compleja, estructurada y poco satisfactoria que llevaba. Una vida llena de cosas que aportaban poco o nada pero complicaban mucho.

En la libreta fue anotando los pasos necesarios para mejorar y simplificar su calidad de vida. De regreso a casa se sentó con su marido, estudiaron la lista y por suerte él estuvo de acuerdo con la mayoría de los cambios propuestos. Para alcanzar su objetivo establecieron tres principios, reducir su número de posesiones -casa, coche, ropa, dieta y finanzas-; desprenderse de aquellas relaciones, compromisos y obligaciones que les impedían disfrutar de lo que realmente deseaban; y por último, vivir en mayor armonía con el medioambiente.

Su planteamiento me gustó, por un lado los 60 metros cuadrados de casa que comparto con el señor x y el gato resultaban insuficientes para albergar nuestras posesiones – estanterías repletas de libros, cajas debajo de la cama, etcétera-. Dado que resulta remota la probabilidad de irnos a vivir a una casa de mayor tamaño, la idea de reducir el número de artefactos que copan nuestra vivienda me resultó atractiva. Igualmente la idea de deshacernos de obligaciones que restan tiempo a nuestras horas de ocio me pareció apetecible y en cuanto a vivir con más respeto hacia el medioambiente, qué decir con lo necesitado que está este planeta que es nuestro hogar. 

¿Por qué os cuento la historia de esta mujer? Porque una parte importante de las ideas para simplificar la vida saldrán del libro que escribió esta yuppie contando su experiencia. Sin embargo, el tema del primer post de esta serie no se basa en su libro, allá por los ochenta tendrían muchas cosas, pero no una bandeja repleta de correos electrónicos.

Emails

La razón para empezar por los emails es que mi bandeja de entrada estaba plagada de correos que me robaban mucho tiempo y tranquilidad. Lo primero que he hecho ha sido darme de baja de las notificaciones de Facebook/Pinterest y de muchas newsletters que aunque muy interesantes no me permiten centrarme en asuntos que me importan más y me acercan al tipo de vida que quería vivir.

Esto es un poco tirarme piedras sobre el tejado porque yo también tengo una newsletter, pero no os voy a mentir, leer todos esos correos se había convertido en una obligación y no en un pasatiempo. Cuando veía mi bandeja de entrada saturada de emails me estresaba y además, quería pasar menos tiempo delante del ordenador. Así que he decidido quedarme solo con la que más me aporta, la que menos empeño tiene en que compre algo y pone más énfasis en que haga algo.

ordenador con emails

He de confesar que he tenido momentos de flaqueza en los que casi doy marcha atrás, toda esa maravillosa información que iba a dejar de recibir, pero me he mantenido firme. Cuando veo mi bandeja de entrada con un número mínimo de emails me siento liberada. Pero he tardado varias semanas en llegar a este nirvana de los correos electrónicos porque he sido incapaz de borrar los emails ya acumulados. Me resultaba frustrante deshacerme de toda esa información que podía ayudar a mejorar mi vida y estilo. Sentía que si le daba al botón de delete me perdía grandes oportunidades, así que revisé cada uno de los 1800 correos pendientes.

¿Qué he aprendido en estas semanas? Que mantener la bandeja de entrada limpia requiere disciplina. Yo puedo volver a las andadas en menos que canta un gallo. Que si entro en una web de ropa y pienso ¡qué bien si me apunto a la newsletter me enterare cuando traigan cosas nuevas! Que si descubro una web que me parece interesante y me apunto a su newsletter… y así, sin quererlo, me puedo ver inundada de emails sin abrir, que luego a ver quién tiene tiempo de leer tanto correo.

La única excepción que he hecho ha sido apuntarme a una newsletter diaria para poner apunto la casa, pero solo es durante un mes, es de la web Apartment Therapy. Lamentablemente, todavía no he abierto ninguno de los emails, se me acumula el trabajo. Dentro de unas semanas los borraré sin abrirlos. ¡Ojalá aprenda la lección esta vez!

Espero que mi experiencia, aciertos y errores os sirvan para iniciar vuestro propio camino hacia la simplicidad.

¡Hasta la semana que viene!

Foto: Faye Cornish (foto portada), Jess @ Harper Sunday (foto 1), Dakota Corbin (foto 2) y Georgia de Lotz (foto3) todas en Unsplash.

¡Gracias por compartir!



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